4 feb 2009

Carta a mi futuro pasado.


El romanticismo no nos eligió en una esquina de un barcito o en un ascensor.

Tampoco nos dibujaron entrando a ningún lugar o nos pensaron presentándonos.

Fuimos obra de la majestuosidad del destino, predestino y esas palabras difíciles que solo Dios sabe usar.

No fue sábado. No estábamos buscando nada. (O si? Siempre lo hacemos no?)

Un lunes hubiera sido la anécdota perfecta y el cliché de la tarjeta de nuestra boda.

Era Martes. Al mediodía. O Jueves a la mañana. Ya no importaba.

Me hubiera acordado del día y habría tenido respeto al valor de la memoria, solo si hubiera servido para agregar algún espacio que no habrías podido a partir de ese día.

Mis ojos estaban pegados por una fuerza superior al auto-control que se llamaba sueño.

Luego me iba a dar cuenta de que ese día el diccionario que acompañaba la vida se había extraviado en algún punto de nuestro choque. Porque el sueño era la semilla de la palabra que luego denominaríamos amor. Y a esa ya no la denominaríamos, porque era la ultima palabra, del ultimo pedacito de hoja de aquel viejo y eterno libro al que todos acudíamos en sueños, pero el nos elegía primero y determinaba nuestro tiempo.

Y la definición, tarde o temprano se la roban dos. Era nuestro turno, así que, arrancamos el pedazo que nos correspondía, mitad y mitad y nos fuimos. Cada uno a nacer y hacer su vida. Porque para estar juntos, primero teníamos que estar separados. Esa era la regla numero uno del libro.

La numero dos era volvernos a encontrar en algún momento de la vida.

Y ahí estábamos.

Yo iba al trabajo y vos a estudiar.

Chocamos. Me hiciste bolsa el auto, la vida. Me rompiste todo el frente del capo, todos los vidrios posibles y el corazón. Ya no serviría mas solo.

Era la magnitud de la mezcla entre el tiempo separados, el anhelo y el cumplimiento de nuestro papel.

No de casualidad, era una calle clausurada y nos valimos de razones para usarla.

Esa calle que la gente se olvido, que paso el tiempo y rechazó. Y tanto empeño en destruir lo divino puso, que cuando lo logró, lo empezó a buscar de nuevo y se olvidó donde.

Era pleno centro de la ciudad. Pero el mundo no nos necesitaba, ya no mas.

Y empezaste a hablar.

Antes de bajarte. Si. La tonada de tus palabras ya se escuchaba desde mi auto.

Eran fuertes, pero inventos. Reales, pero excusas. Que el miedo, que el seguro, el shock, que es la primera vez que chocabas (que te enamorabas), que no sabias que hacer.

Y el volumen iba bajando, tus palabras se ahogaban a cada segundo que pasaba y cada una que intentabas decir, dejaban de ser.

Hasta que no quedo voz, ni palabras, ni volumen o voluntad…


Pero a mi me habían gustado tus ojos.

Los habían diseñado a medida de los míos.

Eran el sol que me despertó de ese profundo sueño.

Me la trajeron. La costilla que me quitaron, paso a ser todo lo que necesitaba.



‘’Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras este dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.’’