Así empezó Hoy, hace unos meses. Calamaro cantará otra cosa.
Todavía tengo puesta la ropa con la que dormí, mi taza ya esta vacía y suena la canción que quedo archivada en el reproductor de música de ayer.
Zenit de otro 25 de diciembre. Y entre detalles que inspiran y la quietud de un feriado, se me escapan los dedos para escribir esto. Mientras tanto, recorro los pasillos de una mente que tomó decisiones. Me detengo antes de dar el segundo paso y me inunda una sensación tan real y profunda.
Sé que Él pasó por acá.
Su sangre, su gracia estuvieron aquí.
Su fidelidad dejó perfume en el aire. Ese inconfundible aroma a nuevo. No sé como lo hace.
No hay arbolito, pero dejo un regalo igual. Creo que me acostumbré al envoltorio y por eso es que no lo abrí. A veces me parece que sigo sin abrirlo o vuelvo a envolverlo. Pero ya no más.
Si bien dí muchas vueltas alrededor y no puedo explicar como o cuando sucedió, me encontré a mi mismo con el regalo entre mis manos. El papel que lo encerraba ya es historia. Lo estoy viendo, pero mis ojos parecen no poder terminar de recorrerlo.
Es ancho, largo, alto, profundo. Cubre todo. No hay fallas. Es perfecto y propicio.
Mis retinas no cesan al asombro y no digo nada, aunque por dentro, grito y hasta no me lo creo. Es tanto que alguien lo tiene que disfrutar conmigo.
Solo hay una pregunta y me intriga si será lo mismo para los demás.
Miro a los costados y estoy rodeado por millares.
Es que... los brazos cruzados.
Yo recuerdo la comodidad de ellos y hay días en que a veces me gusta volver y ser el de antes.
Me empiezo a dar cuenta que este cuento nunca lo voy a entender.
Me levante otro día más, como si nada hubiera ocurrido, pero el regalo sigue ahí.
Ya lo había abierto y sin embargo parece más nuevo que ayer.
Sigue pasando mucho tiempo y yo sigo llegando a la conclusión de que este regalo es universalmente reclamado y meta de muchos corazones.
Es una de las principales razones del hambre que se huele en cada sesión que autoriza el sol y cada condena que emite la luna, sea cual sea el lugar, la situación o los involucrados, somos todos proclives a reclamarlo a él.
Pero como no lo podemos ver, lo''hacemos'', lo escribimos, lo cantamos, lo llamamos, lo gritamos, lo lloramos. Algunos hasta llegan a decir que primero se necesita odiar para que Don Protagonista se haga presente. Lo reímos, pero como no dura tanto, solo hasta que la muerte nos separe y a veces ni siquierahasta la primera esquina, cambiamos de tema otra vez.
Y la razón por la cual comprábamos rosas, chocolates, nos dábamos en casamiento, o procreábamos, se vuelve aburrida y limitada. Eventualmente recordable.
Está metida en la mesita de luz o en un cd medio rayado que cada tanto ponemos en el auto; en un aniversario o en una carta que le escribí cuanto teníamos 13.
Así es como decidimos ser así.
Gente madura, enredadamente crecida.
Gente así.
Confusiones y engaños hay de todos los colores en esta tierra y cuanto más cuando queremos afinar la guitarra del amor, sin saber que hablamos de la mismísima definición de... Sí. Él. Como que por haber recibido un regalo, nos adjudicamos el título de fabricantes del mismo.
Y si quieren cambien de tema ahora. De nuevo. Como tantas otras veces que ni bien se nombra a Dios, salimos disparados como cucarachas. Y no de casualidad o coincidencia, Él es Luz. El Padre celestial, el luthier de esta obra de arte tan fresca y brillante que nosotros solo sabemos opacar.
¿Es que nunca se nos ocurre preguntar ''¿Quien fue?'' para las maravillas, sino solo para los pecados?
Y después queremos amar, cuando lo primero que nos sale es condenar.Decimos que buscamos el amor, pero solo encontramos otra razón para seguir desafinados. Nos otorgamos licencia para calibrar nuestra vida, la de tantos otros y hasta queremos cambiar el mundo con el romance de un puñado de palabras huecas. Porque si bien son solo 4 letras, el carácter original del mismo traspasa tu corazón, el reloj, la lógica o la sonrisa que le mostras cada vez que él te mira o pensas en ella.
Hasta aquí llegó la analogía y tantas canciones acompañadas de cielo, luna y mar, pero el amor es y siempre será, nunca va a terminar.
Conclusión? No, todavía no concluye.
Final? Tampoco.
Algo para decir?
Sí. Te invito a pasar por Juan, Pasillo 3, Puerta 16.
Así fue, Así es, Así será.
No cambiemos de tema que Él nunca va a cambiar.
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